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  • Aymeé Nuviola y Gonzalito Rubalcaba sacan disco de concierto en Japón

    Aymeé Nuviola y Gonzalito Rubalcaba sacan disco de concierto en Japón

    Los artistas cubanos Aymee Nuviola y Gonzalito Rubalcaba publicaron el disco «Viento y tiempo. Live at Blue Note Tokyo» , grabado durante un concierto en Tokio, calificado como una apuesta novedosa y arriesgada por la crítica, porque se trata de dos figuras provenientes de universos musicales diferentes.

    Son, el danzón, el danzonete, el bolero, la conga, la rumba, la guaracha, o la timba son los géneros que afloran en el álbum, pese a haber sonado en el Extremo Oriente, aunque también en una isla, que juntó a Rubalcaba y Nuviola, amigos desde fiñes, y que han acoplado teclas y timbres llenos de cubanía.

    Rumba callejera (Aymeé Nuviola) el track que abre concierto y disco, parece una invitación a entrar en el entorno urbano donde se da la rumba real y verdadera. De alguna manera, avisa del tono que tienen las noches en el Blue Note Tokyo. Aymeé grandiosa en el dúo con su hermana Lourdes y en las improvisaciones. Gonzalito refuerza al máximo el rol del piano en ese toque percutido tan protagonista y tan suyo, en que emula con las tumbadoras, sin abandonar los momentos melódicos.

    El acervo musical Rubalcaba en estado puro, inagotable, que se percibe en los tumbaos que, además de su impecable técnica, revalidan su leyenda en el latin jazz hecho en Cuba, y en la calidad de las ideas que su asombrosa digitación alcanza a expresar en los solos, como los del clásico Lágrimas negras (Miguel Matamoros) o el danzonete Rompiendo la rutina (Aniceto Díaz), dos de los mejores en el disco. El Manisero (Moisés Simons) es pregón de La S’cala de Milán, de ópera en Viena.

    Nuviola  canta en clave sonera contemporánea, sin dejar a un lado su versatilidad, como en el bolero El ciego, de Manzanero, que acomete en tiempo de feeling, sin que Gonzalito dude en sumarse a la melódica descarga. Como suena también en sus versiones de El guararey de Pastora (Roberto Baute) que deviene tributo a Juan Formell y Los Van Van.

    Viento y tiempo (Kelvis Ochoa), muestra a Aymeé Nuviola en clave  timbera, pero descendiendo del son y el changüí, esos dos caminos sonoros que Cuba parió para ser eternos.

    La grabación, en vivo, extiende la duración de algunos temas, más allá del tiempo que normalmente toman en estudio, favoreciendo la espontaneidad de las improvisaciones y fraseo, que solo el contacto con un público receptivo y la interacción entre músicos en estado de gracia, pudo propiciar durante tres noches de agosto de 2019.

    https://www.youtube.com/watch?v=_3KfZy3D7bM

  • Danay Suárez, bajo los efectos de Dios y la naturaleza

    Danay Suárez, bajo los efectos de Dios y la naturaleza

    Por Rafa G. Escalona: Magazine AM:PM – Danay Suárez es uno de los personajes más enigmáticos de la música cubana. Salió de la cantera del rap, de aquellos días en que Los Aldeanos y Papá Humbertico desde Real 70 y le gritaban a la sociedad cubana que el rap es guerra con una agresividad nunca antes vista en el discurso del género. Pero en algún punto, el trabajo de Danay trascendió al rap. Su obra está marcada por ese característico fraseo melódico, un tanto monótono, que se desliza lo mismo sobre los beats del hip hop que sobre las armonías de un piano. De Danay, biografía sintética y discos aparte, poco se sabe en Cuba.

    A pesar de que los proyectos Havana Cultura de la marca Havana Club la catapultaron a un pronto reconocimiento fuera de Cuba, nunca ha hecho propiamente una carrera en solitario en la Isla, si descontamos aquel concierto el 21 de septiembre de 2012 en Casa de las Américas. Luego haría algunos (en F.A.C., en otros espacios), pero formalmente hablando, el concierto que ofrecerá en la clausura del Festival Havana World Music el 21 de marzo puede considerarse su debut como solista en un escenario multitudinario en el país. Por eso le pedimos que enseñara sus cartas, que nos contara su historia, pero sobre todo que nos mostrara los detalles del mecanismo de su arte. Cuando Danay habla, sus palabras se parecen a sus canciones: son un fluir de su conciencia; no hay un orden claro a veces, se detiene en detalles confusos, pero aun así la fotografía mental que logra es muy efectiva. Hay un orden en su caos, y me pareció justo respetarlo.

    Creciste en el Cerro y luego te mudaste a Santa Fe. ¿Qué te aportó, como artista y como persona, cada uno de estos barrios?

    Mi vida empezó en el Cerro, en un edificio apuntalado y en peligro de derrumbe. Por esa circunstancia de vivienda siempre estaba pensando que tenía que hacer algo para salir de ahí, proyectarme un futuro. Por entonces lo único que yo tenía eran mis canciones, que grababa en los Estudios Real 70, más allá de Guanabacoa. Fuera de eso no tenía ninguna oportunidad en la música, no conocía a nadie vinculado a ella. También sabía que mi temperamento no tenía nada que ver con las orquestas de música popular. Yo sentía que era una artista, pero no encontraba un lugar para mí. Aunque era artista y tenía una obra, esa obra estaba en un no lugar. Mientras, seguía viviendo en esas circunstancias en El Cerro, sin poder generar ningún ingreso, sin poder vivir de la música.

    Aunque la vida estaba ahí todo el tiempo en peligro de derrumbe, siempre tuve claro que lo que no se podía derrumbar era el interior de uno, mis principios, que no podía prostituirme para lograr un trabajo.

    Llegué a Santa Fe cuando ya tenía hecha una vida como artista internacional. Al principio el silencio de Santa Fe fue un poco perturbador porque, viviendo en la Calzada de El Cerro, estaba acostumbrada a otra efervescencia.

    La vida en El Cerro afectó mucho mi manera de hablar y de expresar mis canciones. Si te das cuenta mis primeros discos son muy tajantes, muy directos. Ya los posteriores van buscando otra poesía. El silencio y la vida tranquila de Santa Fe no influyó tanto en mi creación artística; cuando me mudé para allá estaba poco tiempo en mi casa, pues viajaba mucho . Pero en esos momentos de silencio escribí una de las canciones más importantes de mi carrera: Yo aprendí, escrita en Santa Fe, a diferencia de casi todos los temas del disco Polvo de la humedad, que nacieron en El Cerro.

    Decías que no sentías una empatía con agrupaciones de la música popular bailable. ¿Cómo encuentras el hip hop y descubres que por ahí puedes comenzar a adentrarte en la música? ¿Es por los amigos o llega de manera natural? ¿Qué llega primero, los amigos del hip hop o el hip hop y luego tus amigos?

    Primero llegan los amigos del hip hop. Cuando vi que construían sus canciones, que aunque no tuvieran empresa y todos esos términos legales que necesita un artista en Cuba para llamarse profesional, igual trabajaban, sentí que podía ser una posible puerta para mí. ¿Qué me pasaba con los otros géneros de música popular? Que no los entendía en mi persona; yo crecí escuchando emisoras de radio cubanas que, en ese momento, difundían más el bolero, lo tradicional, y eso me influyó mucho. Desde los inicios tuve la ilusión —y más al ver a los artistas del Buena Vista Social Club— de ser ese tipo de cantante, aunque llevándolo a mi estilo. Pero no tenía una opción para cantar como profesional, ni empresa, ni títulos de música, no tenía lugares donde desarrollarme así, y obviamente en una peña de rap no podía ponerme a cantar un bolero, pero tampoco tenía que llevar papeles, solo necesitaba talento y actitud.

    Llegué a la peña de rap por los amigos. Descubrí que tenía talento para cantar, pero no sabía hacer rap, realmente aprender a rapear fue muy difícil para mí. Cuando comienzo a dominarlo, a entenderlo y procesarlo, empiezo a desarrollar un estilo personal, porque yo no era ruda como un varón, ni tampoco suave como una cantante de R&B, no era muy dulce.

    Yo era un producto del hip hop cubano, me gustaba cantar y hacer melodías, y me sentía influenciada un poco por el jazz y la música tradicional cubana que escuchaba. Sabía que no quería sonar como los Orishas, en el sentido de hacer una fusión de lo tradicional con el rap; tampoco quería sonar como Erykah Badu y Lauryn Hill —aunque me han comparado muchísimo con ellas—; sabía que no quería sonar como un hombre, que no era una artista exclusivamente de rap, pero sí una artista que podía hacer rap y hacerlo bien.

    ¿En ese camino, sientes que has encontrado tu espacio?

    Primero, quería ser muy conocida. Creo que todos los artistas queremos serlo, pero ahora, después de haber encontrado un propósito, quiero ser conocida, pero no para mi ego, quiero serlo porque como miembro de esta sociedad me doy cuenta de que la gente está haciendo mala música y está sacando lo peor de su corazón hacia los demás.

    Quiero hacer una música que pueda servir al ser humano todo el tiempo, que no va específicamente a criticar a un sistema político —porque ni siquiera lo entiendo y al final tengo que someterme, todos los ciudadanos tenemos que someternos al sistema en el que estemos. No va enfocado tampoco a la religión; aunque busco hablar desde lo espiritual, porque he evolucionado.

    En esta etapa de madurez quiero cantar boleros, pero es que ahora lo que el mundo quiere escuchar es música urbana, y hay muchos jóvenes que se están perdiendo escuchando a estos artistas que solamente hablan de sexo,  dinero, drogas y de sí mismos, vanagloriándose. Y entiendo que no es mi momento de hacer un disco de boleros; tengo un conocimiento de cómo funciona el género urbano y puedo sacar un álbum para estos mismos muchachos que están enganchados no tanto con el artista, sino con el estilo de música.

    Lo que pasa es que nunca quiero hacer lo que todo el mundo está haciendo. Ahí es donde me pierdo, quiero ir a contracorriente. Veo que todo el mundo está en la música urbana, y quiero cantar bolero. Veo que todo el mundo está en el bolero y quiero hacer música urbana. Hasta que uno va despojándose del ego y se enfoca más en el propósito. Si ahora se usa la música urbana, voy a aprovechar que nací en este tiempo y que tengo una comprensión del género. Voy a atacar y sacar mis letras en este contexto.

    ¿Cómo has vivido el proceso de ser, desde hace varios años, una de las pocas artistas cubanas contemporáneas que ha estado firmada con una major?

    Para mí al principio fue importante, pero una vez que lo conoces es bla, bla, blá. ¿Cómo funcionan las compañías disqueras? Una disquera hoy no hace a un artista, una disquera hoy se fija en un artista que está hecho, o que tiene una obra que sabe que va a caminar sola. Porque el mundo de la industria de la música cambió. Si tienes una obra que alcanza a ser buena en general, con la que todo el mundo se conecta, obviamente van a venir todos estos socios colaterales a querer engancharse ahí. Puede ser Universal o una compañía disquera más pequeña.

    Cuando viajé a Estados Unidos por primera vez y tuve propuestas de contrato de Universal y Sony, y decidí firmar con Universal, para mí fue la gloria. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que ellos no tenían que hacer por mí algo que yo ya no hubiese hecho, que no tenían por qué ofrecerme algo que yo no tuviese en mis manos.

    Hoy que tú puedes ser independiente y subir tu música, estar con una disquera es casi casi una vergüenza, desde mi punto de vista. Lo que pasa es que el público, sobre todo, que no sabe cómo funciona la industria de la música, se impresiona cuando hay en el disco de un artista un globo que diga Universal Music y eso le da un valor agregado al artista, como un nombre de importancia. Pero el artista que ya conoce sobre los términos legales de su trabajo, lo puede ver como una pérdida.

    Considero que puedo hacer sociedad con otras casas discográficas en el futuro, conociendo los términos de mi trabajo, pero que no es muy importante, porque a la larga ya sé que es una cuestión de inspiración. Me preocupa más la inspiración, por ejemplo, porque cuando uno está inspirado es cuando saca esas obras que son un quilo, que se difunden solas. Yo creo que hoy día la preocupación de un artista, sobre todo un compositor, debe estar en atender sus redes sociales, en conocer el mundo de la música, sobre los royalties y el derecho de autor, y dejar que la música hable por sí sola.

    ¿Crees que has podido escapar de la sombra de ese hit que es Yo aprendí? A los artistas a veces les sucede eso, que tiene una obra que la gente asume y es como LA obra que identifica y reconoce.

    No se puede escapar. Pero he enfocado la cosa de esta manera: siempre es molesto cuando quieres cambiar el repertorio y decirle a la gente “yo tengo otras canciones”. Lo que pasa es que Yo aprendí es una obra que merece no escapar de ella, porque cuando uno se pone a analizar su texto, por mucho que me canse cantarla, me digo que es bueno cantarla. Pero imagino que si hubiese tenido éxito con una obra con un texto que no perdurara en el tiempo, yo cambiaría mi manera de pensar o tendría otra postura. Qué malo para un artista eso, ¿no?

    Hoy en la mañana estaba escuchando Comunicación, que es un tema bastante pesimista. ¿Eres pesimista?

    La inspiración de ese tema, honestamente, me llegó cuando Amy Winehouse se murió. Como persona que le gusta la música, siempre digo “si yo encontrara un disco que pudiera repetir y repetir”, escuchar algo que te haga decir “guao”. Me pasa con Rosalía, me pasa con Amy. Y obviamente todo ese chisme mediático alrededor suyo, de cómo la molestaban y sus problemas con las drogas, me hacían identificarme, y sufrir por ella.

    Cuando se muere hago esta canción que es para los medios de comunicación, que por hacer noticia son capaces de llevar al suicidio a una persona. Porque obviamente, si todas estas situaciones en torno a la artista se hubiesen mantenido con una discreción, quizás las cosas hubiesen sido diferentes. Realmente ella fue la que me inspiró a hacer ese tema. Los medios hicieron que muchos artistas se suicidaran, por las presiones.

    Yo hasta cierto punto disfruto que no me conozcan, porque es muy cómodo poder ir con las chancletas que tú quieras, con el pelo como tú quieras, poder estar en mi barrio.

    En 2017 protagonizaste un polémico suceso en Viña del Mar, al cambiar la letra de la canción con la que estabas presentándote en el concurso y decir en su lugar un mensaje que muchos calificaron de antiabortista. En la distancia, ¿cómo valoras lo que pasó en Viña?

    No soy una persona de hacer escándalos, ni de usar eventos así para llamar la atención. De hecho, yo fui allí y no sabía ni por qué, fue mi manager quien envió la música. Entiendo que en mi vida no tengo que competir con nadie. Para mí, de entrada, era muy raro estar en una competencia. Y más raro todavía que me estuvieran juzgando una letra, decidiendo si era buena, adecuada o no, o mejor que otra, artistas que considero que no están esforzándose mucho por sus letras.

    De cierta manera, el artista, con su talento y el trabajo con el que tiene habituado a su público, complace a la audiencia, es como una especie de instrumento ahí. Qué pasa, que de repente sientes la necesidad de usar el arte en un momento específico para decir algo que consideras que necesita la sociedad, aunque eso signifique que te hagan bullying y perder el prestigio que has ido construyendo hasta ese momento. Hasta entonces no había habido ningún tipo de escándalo en mi carrera; era imparcial, no molestaba a nadie, tenía un discurso con el que todo el mundo se sentía bien.

    Viña del Mar fue eso: la decisión que tomé en un momento, halada espiritualmente, de decir algo que debía decirse en algún lugar. Y yo entendía perfectamente que las consecuencias eran no solo perder un premio de 30 mil dólares, una Gaviota que todos los artistas quieren tener, sino perder la admiración de los fans leales, los que están interesados en la vida de uno.

    A partir de ese momento mucha gente en las redes sociales opinaron que yo estaba loca, y yo sé que loca no estoy porque mi vida tiene orden, no paso por encima de los principios de nadie. Llevo una vida normal, sé mis defectos y virtudes. Mi obra demuestra que no busco hacerle mal a nadie. La gente no tenía razones para opinar que yo estaba loca por pararme en Viña del Mar y decir cosas. Porque, ¿qué dije? En ese mismo escenario donde se estaban parando personas diciendo “vamos a hacer el amor con cuatro, con dos con tres”… ¿dije algo malo?

    En los últimos dos años ha habido movimientos como Ni una menos y #MeToo, relacionados con una reivindicación de los derechos de la mujer en muchos niveles. ¿Qué tan conectada te sientes con todo eso?

    No me meto en eso. Realmente las personas tienen mucho que arreglar consigo mismas.

    Danay Suárez. Foto: Evelyn Sosa.Danay Suárez. Foto: Evelyn Sosa.

    Te lo pregunto, porque al margen de la respuesta que me des, muchas personas que escuchen tu canción Himno, pueden hacer una lectura de reivindicación feminista.

    Dice, “para un hombre que no comprende que nace de una mujer”. Obviamente todos no son así, y de hecho, esa canción habla de la conducta de un hombre y de la posición en que se ponen a veces las mujeres, porque si tú no te respetas, así es como vas a ser tratada. No me parece una mujer más importante que un hombre, ni un hombre que una mujer. Creo en la familia, en la unión de dos personas que se aman, creo que los hombres son valiosos y las mujeres también.

    Esa canción nació de la impotencia que me dio al montarme en un almendrón que tenía puesta una canción que decía “te meto to’ este tubo hasta adentro”, una cosa así, totalmente irrespetuosa. Y las otras mujeres que estaban en ese carro —porque éramos todas mujeres— la estaban cantando con tremenda alegría. Entonces después cuando te maltratan, cuando te dan golpes, quieres quejarte. Pero para nada eso es a favor de un movimiento feminista, de hecho me llaman constantemente para ser parte de movimientos que defienden los derechos de la mujer y no me meto en eso, porque creo que los derechos se defienden individualmente. Con tu autoeducación, autovaloración, con el respeto que demuestres a los demás, porque uno recoge lo que siembra y si estás enseñando eso a tus hijos, pues obviamente tus hijos van a crecer así. Como siempre digo, si tú quieres saber el futuro de una sociedad y un país, analiza qué están escuchando sus generaciones.

    No tengo nada en contra de género urbano, he trabajado con ellos, con Karol G, con Bad Bunny, con Ricky Martin, hemos hecho super sesiones; son personas excepcionales y luego te llama la atención cómo pueden ser personas excelentes y a la vez cantar estas cosas que son tan malas para la sociedad. Lo cual te dice que puedes trabajar con ellos, trabajar en coautoría con ellos incluso, pero eso no significa que estés de acuerdo con lo que están haciendo ni consideres que sea bueno para la sociedad. Tampoco vas a impedir que la gente lo escuche. Si puedes hacer algo bueno pues hazlo tú, porque no tienes el dominio sobre los demás.

    Por esa razón hice este tipo de canción que no estilo hacer. De hecho, ahí saqué todo El Cerro, en esa canción con los que “se ponen en uno, en dos, en tres”.

    Antes mencionaste tu experiencia colaborando con gente como Ricky Martin y Mala Rodríguez. ¿Cómo ha sido trabajar como compositora junto a artistas de gran proyección en la escena comercial?

    Esto llegó en un momento muy particular. Son personas que he aprendido a querer, a apreciar, a partir de un respeto mutuo. A mi vida han llegado todas estas relaciones con artistas grandes de la música cuando no siento ninguna clase de idolatría hacia ellos, ni los siento como un puente (obviamente siempre consigues algo, porque así es el medio de la música); me permito verlos primero como personas. Si no me conecto con ellos como personas, por más que me beneficie, no podré trabajar.

    No hay diferencia de estatus, no veo a las personas porque son muy grandes o muy pequeñas, sino que veo oportunidades donde puedo poner un buen decir en la boca de alguien que tiene mucha visibilidad. Lo veo como una oportunidad de aportar al mundo.

    Como compositora, ¿cuáles son las cosas que te inspiran, ya sea en términos de productos culturales o de vivencias?

    Soy un filtro. Me tiene que doler algo, lo tengo que sentir, aunque sea una experiencia ajena, tengo que quedar afectada. Y cuando ya tengo una conclusión, eso se convierte entonces en una canción.

    Es muy difícil que yo no sienta profundamente lo que escribí. Es muy duro todo el proceso que trae la creación de una obra, es un proceso de vida, no es simplemente sentarte a escribir una canción, aunque, obviamente, componer para otras personas es diferente porque te abstraes, tratas de sentir un poco lo que sienten ellos. Se hace menos desde lo personal y más acudiendo al talento, a ciertas fórmulas.

    Por ejemplo, estoy haciendo un programa de investigación musical donde analizo la música cubana por épocas, y trato de componer como si fuese un compositor que vivió en un momento específico. Me pongo a analizar la personalidad de gente como Olga Guillot y Benny Moré, luego escribo todas las palabras que repiten en sus canciones, con qué se identificaban, qué tipo de palabras no pondrían en su boca, cuales sí. Me siento como un autor dentro de ese canon y me digo “si yo fuera a componer una canción para el Benny, esta sería la composición y esta sería la música”. Así he sacado rumba y boleros como Sutil intención, que ya está publicado en Internet y fue grabado con una jazz band. Cualquier persona que lo escuche va a pensar “y dónde estaba esa canción que nadie la cantó”, porque no va a detectar que es una canción de estos tiempos.

    Esa es otra manera de componer; obviamente es un trabajo muy ambicioso donde muestro una faceta que me permite a mí comprender mucho más lo que no comprendía al inicio: el trabajo de artistas excelentes que hacen cosas con las que no me siento identificada como cantante, pero sí con el valor que tienen. Es un ejercicio que hago como compositora, no significa que lo incorpore a mi puesta en escena. De hecho, este bolero lo interpreté yo, pero los otros géneros que se están haciendo en la investigación no tienen que ser cantados por mí, porque al final no es un álbum para mí, sino una producción discográfica de investigación.

    Recientemente me topé con unas canciones (Carcajada brutal, La razón del equilibrio) que forman parte de un EP que no conocía. ¿Es algo que nació en el 2019, o viene de antes?

    Está hecho entre 2009 y 2010. Nunca saqué estas canciones porque si sacaba otro disco de rap después de Polvo de la humedad, iba a quedar para el mercado como la rapera cubana y eso me iba a encasillar. Y si fuera así, está bien, pero eso me iba a apartar mucho de otros escenarios, de la world music, de festivales de jazz, de otras facetas que podía tener dentro de mi trabajo.

    Por eso con Universal lancé un disco como Palabras manuales, donde saco otros colores, un poco más de world music, jazz, reggae, hip hop, canción, balada, abriendo la puerta un poco. Y luego de un tiempo sin sacar nada me dije “bueno, voy a sacar estas canciones”.

    Me llamó la atención que uno de los temas fue seleccionado como parte de la banda sonora del FIFA 20. Estuve leyendo comentarios en el canal de YouTube de personas que empiezan a conocer tu trabajo a raíz de los videojuegos.

    Te refieres a La razón del equilibrio, pero de ese disco también fue incluido otro tema, Viaje en dos, en el videojuego Need For Speed.

    La FIFA es universal, se nota que están llegando a mi página usuarios nuevos, que hablan en ruso, en árabe. Y me da emoción cuando un cubano tiene el juego y me dice “Danay en la FIFA”. Todavía no despierto a la repercusión real que tiene, porque no he visto el juego, no lo he jugado.

    ¿Dónde estás tú, musicalmente hablando, desde lo que fueron las primeras grabaciones en Havana Cultura hasta hoy?

    No soy una fórmula, y como no soy una fórmula, no puedo predecir hacia dónde voy. Tengo que sentir lo que hago, ahora estoy con mi carrera en una etapa empresarial, no estoy inspirada en estos momentos.

    A veces es preferible hacer un silencio…

    Estoy en un silencio rotundo. Quiero revisar todo mi trabajo desde el punto de vista empresarial, dar los próximos pasos en firme. Ahora mismo tengo listo un disco con una sonoridad más de jazz y soul, solamente tengo que pensar en qué momento lo quiero sacar, si con una disquera o independiente. Estoy disfrutando mucho ser independiente, recién el año pasado concluí con Universal.

    Danay Suárez. Foto: Evelyn Sosa.Danay Suárez. Foto: Evelyn Sosa.

    Y sí, me duele como artista no estar inspirada. Creo que no lo estoy porque necesito pasar a otro nivel de mí misma. Y como no he pasado ese nivel, o quizás si lo he pasado todavía no sé cómo expresarlo, estoy bajo los efectos de Dios y la naturaleza. Pero estoy tranquila, tengo algunas buenas canciones en mi repertorio, obras con las que siempre voy a poder trabajar y defender, esperando ese momento de alumbramiento para poder seguir adelante.

    Quizás empiece a trabajar con una productora en Cuba, para ir promoviendo mi nombre artístico acá. Para mí las cosas que he hecho son viejas, pero va y a la gente le parecen nuevas, como mismo pasó con la FIFA, que ahora es que la gente está conociendo esos temas.

    Estás anunciada para cerrar el HWM, corrígeme pero probablemente sea la experiencia más masiva que tendrás hasta ahora con el público cubano.

    Como artista solista, porque estuve en Paz sin Fronteras con X Alfonso, aunque fue una aparición fugaz.

    Bueno, la primera vez como Danay Suárez, en todo su esplendor. ¿Cómo estás pensando eso, tienes alguna expectativa, crees que vas a conectar o no? Dices que no eres tan conocida, pero no eres precisamente desconocida para, al menos, un grupo de seguidores que conocen tu música. Además de que el festival tiene una magia linda.

    Voy a hacer un concierto con una sonoridad fuerte. Estoy preparándolo ya, hablaré sobre cosas puntuales, aprovecharé ese tiempo para que las personas sientan que valió la pena haber ido. Me voy a entregar al público y obviamente no voy a pasar por alto que es súper especial la invitación de Eme, por muchas razones. En Cuba las personas nunca tienen la oportunidad de verme, y quiero dejarles claro cuál es mi trabajo.

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  • Esto no es funky, es el fin del mundo

    Esto no es funky, es el fin del mundo

    Magazine AM:PM – Las escaleras del Teatro Nacional —las interiores, las que llevan a oficinas, camerinos, baños, las que bajan justo al costado de la Sala Avellaneda—tienen la clásica apariencia de la soledad. Son tristes, carentes de personalidad y guardan, a veces, demasiado silencio. Pero resulta que ahora, a las dos de la tarde de un martes de enero, eso es justamente lo que necesito: silencio. Dentro de la sala todo es un poco caótico: la gente va y viene, los sonidistas cuidan que todo esté en su sitio al tiempo que ocho hombres intentan sacar música de trompetas, trombones, una tuba y un saxofón.

    Es la prueba de sonido de The Soul Rebels, la brass band que veremos en escena esta misma noche, y yo, entre tanto, converso con Tarriona “Tank” Ball, frontwoman de Tank and the Bangas, otra de las alineaciones que nos trae el Getting Funky in Havana, el primer festival de funk cubano y de Nueva Orleans en la Isla, organizado por Cuba Educational Travel, Trombone Shorty Foundation y el Festival Internacional Jazz Plaza. La imagen de nosotras, sentadas en aquellas escaleras, hablando de lo que significa o no amar una ciudad como La Habana, del jazz y las maneras que tiene para que en él confluyan muchos sonidos, ritmos y géneros, me trae a la cabeza aquella foto de Bob Dylan con Patti Smith (también en unas escaleras) en algún lugar de Greenwich Village, en 1975 —no sé por qué, quizás porque estoy pensando mucho en Bob Dylan por estos días.

    Antes, Marcus Hubbard, trompetista de The Soul Rebels, me había dado las palabras claves para identificar lo que vendría: “El sonido de New Orleans proviene del sabor de diferentes músicas; sale de África, del Caribe, de América, pero en forma de una gran jam session. Venimos de una ciudad donde el plato más famoso es el gumbo, el cual se elabora en grandes ollas y donde se mezclan varias comidas. Para nosotros la música es como el gumbo y mientras más sabor tenga, mejor”. Ahora, yo quiero que Tank vuelva sobre esa idea; pero, sobre todo, quiero que descifre el sonido de esa banda que conquistó a todos en el concurso del Tiny Desk de la National Public Radio.

    Y ahí donde muchos hablan de la simbiosis entre el rock, el funk, el storytelling, el spoken word, del “soulful Disney” de los Bangas, Tank prefiere evadir todo tipo de etiquetas y hablar de una “conexión espiritual”. “Mezclamos sonidos, pero no es a propósito. Fluyen, salen solos. Porque en el escenario lo importante es sonar bien, pero, sobre todo, es sentirse bien. Queremos conectar con la gente y ver qué pasa, que sea divertido es fundamental. Hacemos un show honesta y verdaderamente dinámico”.

    Hasta ese momento, cuando Tank dice “dinámico”, “divertido”, “espiritual”, “conexión”, no soy consciente de la dimensión real de esas palabras. Más tarde, las fichas encajarían en el tablero.

    The Soul Rebels y Cimafunk durante el Second Line Conga, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.The Soul Rebels y Cimafunk durante el Second Line Conga, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.

    En abril de 2019, mientras la revista Billboard lo incluía entre sus recomendaciones y el mundo caía rendido a los pies de la “nueva sensación” de la música cubana, Erik Alejandro Iglesias desembarcaba en New Orleans para celebrar su cumpleaños. El famoso club Tipitina´s, refugio de bandas como Pearl Jam, Nine Inch Nails, Nelville Brothers, entre otras, lo acogía en un concierto por donde desfilarían también los Soul Rebels, miembros de Tank and the Bangas y Trombone Shorty. De aquel intercambio, de las sesiones de improvisación y visitas a los barrios de la ciudad de Louis Armstrong, nació la idea de llevar todo el soul y el funk de New Orleans a Cuba.

    Ocho meses después, Cimafunk camina por las calles de La Habana Vieja. A cada rato se detiene, se hace fotos con los fans que lo interceptan a pesar de la multitud que sigue a los músicos del Second Line Conga, los cuales parten de la Plaza del Cristo hacia un parque de San Isidro, entonando himnos fúnebres, propios de la tradición y los festejos en la ciudad-cuna del rhythm and blues. Al inicio suena When the Saints Go Marching in, ese canto góspel estadounidense que acompaña las procesiones, luego se escucha Little Liza Jane, tema que se ha convertido en un estándar de jazz obligatorio y que Nina Simone interpretó durante muchos años.

    Second Line Conga, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.Second Line Conga, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.

    En el tumulto logro identificar a Julian Gosin (trompeta) de los Soul Rebels, a los chicos de Trombone Shorty y a Albert Allenback (saxo y flauta) de Tank and the Bangas, que elevan sus instrumentos al cielo, mientras los cantos suceden. De pronto algunas de las escenas de Treme —la serie creada por David Simon y Eric Overmyer— cobran sentido. Todo el folclor de las tribus de Mardi Gras recae en el Big Chief Monk Boudreaux, de las Águilas Doradas —quien al principio marca la ruta del desfile con su traje de parches, plumas, lentejuelas y abalorios—, y en otro chief, vestido de amarillo, con una espada pequeña y repleta de perlas plateadas y brillosas.

    Un Jefe Indio del Mardi Gras en el Second Line Conga, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.Un Jefe Indio del Mardi Gras en el Second Line Conga, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.

    Gladys, mi amiga, me acompaña. Ella ha viajado 365 kilómetros para ver a Tank and The Bangas y es, probablemente, la única cubana en la Isla que conoce todas sus canciones, que ha leído todas las entrevistas, que ha visto todos los conciertos en YouTube, que sabe identificar a todos los integrantes de la banda.

    —Mira, Joshua Johnson— grita y señala hacia el baterista y director musical de la agrupación, que justo en ese momento nos cruza por al lado. Yo la miro; he estado ahí, en ese nivel de “fanatismo”. Sonrío.

    Hay un momento donde Gladys desaparece, se pierde entre los que bailan, miran, pasan. La veo abrazando a Tank en una esquina. Tank grita. Gladys se emociona. Lloran. Se abrazan de nuevo. Gladys le dice algo así como que Rollercoasters “siempre estará en su corazón”, en un acto verdadero y digno del típico fan que descoloca a Tank, porque claro, quién le iba a decir que alguien en este país conocería la música de una banda que acaba de ser nominada a los Grammy en la categoría de Mejor artista novel. Rollercoasters, por otro lado, es una canción del álbum Think Tank, el primero grabado por la banda, y habla de esa sensación de caer, de tirarse al abismo una y otra vez, pero también del coraje que se necesita para volver al ruedo, de subir a la montaña rusa, de enamorarse, sin saber. Obvio, esto lo descubro después.

    Second Line Conga, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.Second Line Conga, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.

    Ahora la gente marcha con la banda. Al final, la conga se funde con el second line. No se sabe, exactamente, cuándo termina una y empieza el otro.

    Concierto de Tank and the Bangas en FAC, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.Concierto de Tank and the Bangas en FAC, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.

    No hay manera de decirlo sin que suene feo, pero si estás leyendo este texto y no estuviste en el concierto de Tank and the Bangas el pasado 15 de enero en Fábrica de Arte Cubano no entenderás lo siguiente. Primero, porque no se puede comulgar con lo que no se vivió, al menos en este caso. Segundo, porque no hay forma posible de explicarlo. Aun así, aquí voy:

    Sobre el escenario Tank and the Bangas es una masa compacta de energía. El show que abre con el single Spaceships, que nos hace fijarnos en los movimientos de Anjelika “Jelly” Joseph, Kayla Buggage y la propia Tank desde el extremo izquierdo, nos lleva a detenernos de vez en cuando en los instrumentistas —cada uno tiene lo suyo, sobre todo Albert Allenback, al saxofón y la flauta, que lleva la intensidad al nivel más alto, robándose la atención de quienes siguen, inevitablemente, a la líder de la alineación. Pero el espectáculo muta todo el tiempo. No es estático.

    Albert Allenback, de Tank and The Bangas, en el concierto de la banda en FAC, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.Albert Allenback, de Tank and The Bangas, en el concierto de la banda en FAC, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.

    Tank, a ratos, dice que es increíble estar aquí esta noche. Lo dice, y no sabe lo que es para nosotros —la cofradía de los entendidos, de los que estamos ese miércoles en el lugar y en el momento indicado— estar aquí. El escenario de la Nave 4 de F.A.C. es uno de esos lugares que crea lazos, se pasa de íntimo. Aun así, nos lleva al extremo, nos pide que levantemos las manos, que cantemos con ella canciones que muchos de nosotros no conocemos. Lo hace con Quick, ¿qué es esto? Lo hace con Boxes and Squares, con Nice Things, con Smoke.Netflix.Chill, en serio, ¿qué es esto?

    Luego, Tank hace que La Reina y la Real suban al stage, lo hacen también los Soul Rebels. De pronto estamos en el piso, agachados, la banda incluida, mientras suena algo chill. En minutos estamos saltando con un nivel de adrenalina que nos impide contener, a veces, nuestras micciones (historia real, hice fact checking y a muchos nos pasó). La conexión es total. Después de esto, el cierre: Nirvana por Tank and the Bangas, Smells Like Teen Spirit por Tank and the Bangas. And, here we are now: paralizados, sin saber, básicamente, qué hacer.

    Hay una imagen que describe el estado de trance en el que salimos: la gente con las manos en la cabeza, mirándose, buscando complicidad en la pregunta: ¿es este el mejor concierto de nuestras vidas?

    Concierto de Tank and the Bangas en FAC, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.Concierto de Tank and the Bangas en FAC, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.

    Vine a La Tropical porque me dijeron que acá va a tocar Tank and the Bangas. Quiero ver los rostros de quienes no tienen la menor idea de a lo que se enfrentan, una vez termine el espectáculo. Quiero saber si son, o serán, dignos de estar entre los “iniciados”. Y quiero, como buena adicta, repetir.

    El show inicia con los chicos de Trombone Shorty Foundation (visiblemente agotados luego de unos días tan intensos), seguidos por The Soul Rebels, quienes hacen algunos de los temas de su más reciente álbum, Poetry in Motion, un disco donde presentan a una poderosa línea de artistas que incluye a gente como (nuestra ya conocida) Tarriona “Tank” Ball, Big Freedia, PJ Morton, Robert Glasper, Branford Marsalis. La banda —que ha colaborado en vivo con Metallica, Marilyn Manson, Katy Perry, entre otros— mezcla el R&B, el funk, el jazz y el hip hop en una presentación cargada de sonoridades modernas, donde cada instrumento se integra a la perfección y, a cada tanto, Marcus Hubbard y Julian Gosin dejan la trompeta para hacer de front man, rap mediante. El formato de brass band les permite ser libres sobre la escena, tocar y bailar al mismo tiempo. El flow es contagioso, sobre todo cuando suena ese temazo que es Greatness.

    The Soul Rebels en el Salón Rosado de la Tropical, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.The Soul Rebels en el Salón Rosado de la Tropical, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.

    El final del Getting Funky in Havana se acerca cuando Tank and the Bangas sube al escenario de La Tropical. El set list es casi el mismo que en Fábrica, solo que más corto. La banda suena tremendamente bien, pero no es lo mismo. ¿Cómo podría serlo? Pienso que en F.A.C. estuvimos los justos, y que acá el público es más heterogéneo, el espacio más grande, las energías fluyen en varias direcciones, y que, sobre todo, la gente vino para “gozar” con Cimafunk.

    La más reciente revelación de la música cubana, pasada la media noche, hace lo suyo: Relajao, Cocinarte, Basta, son algunos de los hits que suenan una vez más en este lugar. En medio de la terapia pienso que hace rato Cimafunk nos debe un tema nuevo y, ya que estamos, un disco nuevo. Uno que nos vuele la cabeza, otra vez. Parece que me escucha y anuncia La papa, su más reciente single, que me hace pensar en que quizás va caminando en la dirección correcta. Antes del clásico Me voy, The Soul Rebels y Tank and the Bangas lo acompañan en una canción “que aún no tiene nombre” pero que por ahora conocemos como Caliente.

    Entonces hago un link a mi conversación con Tank hace días en las escaleras interiores del Nacional, cuando me cuenta cómo conoció a Cimafunk y qué piensa de su música. “Tenemos un tema juntos, sabes. El nombre es algo relacionado con fuego, algo ‘calen-te’, como él. Nunca le hemos tocado en vivo y esta es la primera vez que lo hacemos. Es aterrador y excitante”, cuenta Tank. Yo siento que ya se nos acaba el tiempo y le pregunto por esa nominación a los Grammy, que si la vio venir.

    —Vamos a ganar—dice.

    No sé, pero yo, por alguna razón, le creo.

    Cimafunk, The Soul Rebels y Tank and The Bangas en el Salón Rosado de la Tropical, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.Cimafunk, The Soul Rebels y Tank and The Bangas en el Salón Rosado de la Tropical, como parte del evento Getting Funky in Havana, en el Festival Internacional Jazz Plaza 2020. Foto: Rolo Cabrera / Magazine AMPM.

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