Categoría: Historia

  • La obsesión de Fidel Castro con los Estados Unidos antes de volverse comunista

    La obsesión de Fidel Castro con los Estados Unidos antes de volverse comunista

    Dice un famoso dicho que «todo el mundo es comunista hasta que se enriquece». En el caso de Fidel Castro fue al revés. Antes de convertirse en el líder más longevo de Cuba tras tumbar el régimen del dictador Fulgencio Batista en una revolución que culminó favorablemente para los comunistas en el año 1959.

    Nació en el seno de una familia humilde en 1926, quienes descendían de españoles que habían emigrado a la isla. El 6 de noviembre de 1940, con tan solo 14 años, escribió una carta nada más y nada menos que al trigesimosegundo presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt. Por algún motivo que se desconoce, el futuro revolucionario decía tener 12 años y le daba la enhorabuena al norteamericano por su reelección como presidente de la primera potencia mundial.

    «Fidel era como cualquier otro adolescente de su edad, seguía las modas y tendencias que sus ídolos norteamericanos iban marcando y sentía fascinación por el modelo de sueño americano y, sobre todo, los dólares», escribe Alfred López, autor de Eso no estaba en mi libro de Historia de la política (Almuzara).

    Aparte de dirigirse de forma desenfada y simpática, con un inglés regular, también le pedía al máximo responsable estadounidense un billete de 10 dólares pues jamás había visto uno. Asimismo, se ofrecía como voluntario para enseñarle a Roosevelt una mina de donde podrían extraer hierro para construir sus barcos.

    Tal y como como explica López en su libro, «no hay noticias de que recibiera billete alguno o contestación» pero añade que «de sobra es conocido que el proceder de los mandatarios de la Casa Blanca ha sido el de contestar la mayor parte de las cartas que han recibido, sobre todo las remitidas por niños». Actualmente la carta se encuentra expuesta en la Biblioteca Presidencial del Archivo Nacional de los Estados Unidos.

    Luna de miel en Nueva York

    Aquella fascinación por los Estados Unidos no desapareció con su adolescencia. En 1948, tras contraer matrimonio con Mirta Díaz-Balart, viajaron a Nueva York a celebrar su luna de miel. Allí, entre los rascacielos y la vida cosmopolita de la ciudad que nunca duerme, barajó matricularse y finalizar sus estudios de Derecho en Harvard -en aquel momento estudiaba en Cuba Derecho, Derecho Diplomático y Ciencias Sociales-.

    Durante un tiempo residieron en Manhattan, donde Fidel frecuentaba librerías de su vecindario y conducía un Lincoln Continental que había adquirido. Aquella paz matrimonial volvió a la realidad agónica cuando Fulgencio Batista, apoyado por los estadounidenses, derrocó el sistema democrático de la isla. Fue entonces cuando Fidel Castro se sintió traicionado por parte del país capitalista en el que vivía.

    A partir de entonces las tendencias izquierdistas de Castro se radicalizaron hasta abrazar el comunismo y convertirse en uno de los iconos revolucionarios más importantes de la contemporaneidad. «Castro, que dos décadas atrás había pedido un billete de 10 dólares al presidente de los Estados Unidos, perseguía a cualquier compatriota que tuviese en su poder algún billete de la divisa norteamericana», escribe Alfred López.

    Publicado en El Español

  • José Martí y Cuba manipulada

    José Martí y Cuba manipulada

    A 126 años de la caída en combate -suicidio para Guillermo Cabrera Infante– de José Martí, el gobernante partido comunista, que ya borró a Marx, Engels y Lenin de sus representaciones simbólicas, insiste en querer legitimar su condición de único y hegemónico con una supuesta vocación totalitaria del Apóstol de Cuba, al que usa y manipula en función de la urgencia política.

    Fidel Castro elaboró una teoría absurda para justificar su alergia a la democracia y la prosperidad, argumentando que Martí había fundado un solo partido para luchar por la independencia frente a España, desconociendo de un plumazo las prevenciones martianas sobre totalitarismo y aprovechándose de la incultura política e histórica de la mayoría de los cubanos, que conocen al héroe a retazos inflamados por la propaganda oficial.

    Aunque las consecuencias de un sistema de partido único están a la vista de cubanos y extranjeros en todos los rincones de Cuba, incluida La Habana, ciudad natal del Apóstol, asediada por el general deterioro, la pobreza, la enfermedad y el coronavirus.

    Si el castrismo hubiera seguido la prédica martiana, Cuba sería una nación libre y próspera, en vez de la actual ruina flotante, que cruje al vaivén de la vieja carreta totalitaria, que exterminó riqueza y soberanía, dos de las apuestas de José Martí.

    El Apóstol de Cuba está mal citado, ensalzado en medios de comunicación estatales y alternativos, pero mal leído por la mayoría de sus compatriotas, especialmente las nuevas generaciones, desconocedores de su pensamiento, aciertos y errores y de su vindicación de la patria.

    Una de las pruebas más evidentes del desprecio castrista a José Martí es la designación de Yusuam Palacios como presidente del oficialista Movimiento Juvenil Martiano y diputado por Sagua de Tánamo, en Holguín, cuya frase más reconocida fue asegurar que los cubanos alcanzaron la libertad el 1 de enero de 1959, en respuesta al discurso del presidente Barack Obama, en La Habana.

    Quizá el juvenil Palacios no haya leído aún este pensamiento martiano: «¿A qué declamar en vano sobre la imposibilidad absoluta de un progreso, sin que antes se determinen, de un modo fijo, la legislación política y civil, en armonía con las cuales, el progreso necesario se ha de hacer? ¿A qué decir que con leyes vacilantes e inciertas, incierta y vacilante ha de ser, forzosamente, la situación del país que rijan?»

    O contando la fiesta de Tultepec (México), admira: «Allí cada casa tiene jardín, y cada jardín da a un campo de magueyes: Unos son naturalmente mayores que otros; pero la riqueza está bien dividida, el trabajo está garantizado, el comercio está protegido, y el hambre y la miseria no tienen nada que hacer en aquel pueblo».

    Y su coherencia es clara, cuando en una circular a clubes del Partido Revolucionario Cuba, establece que: «No se pondrá en agonía a los pobres, para ellos ha de ser principalmente la libertad, porque son los más necesitados de ella, y no se les ha de agobiar en nombre de ella»

    Y sobre su supuesta vocación totalitaria de partido único, mera invención oportunista del castrismo, el Apóstol de Cuba lo dejó claro:

    «Nada es tan justo como la democracia en acción»; avisa: «Partido cacareador, partido flojo», remata: «El que milita ardientemente,en un bando político o filosófico, escribirá su libro de historia con la tinta del blando»; y concluye: «La libertad no es una bandera a cuya sombra los vencedores devoran a los vencidos y los abruman con su incansable rencor, la libertad es una loca robusta que tiene un padre, el más dulce de los padres, el amor; y una madre, la más rica de las madres, la paz».

    Cualquiera de esos enunciados son carne de leyes cubanas actuales como las 88, 349 y 370, que permiten al gobierno arrestar y condenar a cubanos por expresar sus ideas, criticar acciones ejecutivas y el mal funcionamiento de la economía y los servicios, incluidas las redes sociales.

    Como resulta inasumible esta advertencia martiana: «Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno».

    Pero a fuerza de repetir solo la segunda oración, el castrismo provocó aquel chiste del padre asombrado ante la severa maestra de su hijo, que lo mandó a buscar porque su pequeño ignoraba que el Apóstol había muerto: ¡No joda, maestra, que Martí se murió!

  • Alejo Carpentier, el excepcional escritor cubano padre de «lo real maravilloso» y músico de la palabra

    Alejo Carpentier, el excepcional escritor cubano padre de «lo real maravilloso» y músico de la palabra

    «Es algo situado mucho más allá del lenguaje, y que, sin embargo, está muy lejos aún del canto. Algo que ignora la vocalización, pero es ya algo más que palabra».

    Estas son las palabras del protagonista de la novela Los pasos perdidos de Alejo Carpentier, al presenciar el nacimiento de la música en épocas remotas.

    La novela, publicada en 1953, narra el viaje de un musicólogo-compositor a través del espacio y el tiempo, con el objeto de recolectar instrumentos musicales «primitivos» en la selva sudamericana.

    El nacimiento de la música, y otras escenas musicales en Los pasos perdidos se basan directamente en las ideas que Carpentier había ya expuesto en su ensayo «Los orígenes de la música y la música primitiva», publicado por primera vez en mi libro Alejo Carpentier and the Musical Text (2015).

    Tanto Carpentier en «Los orígenes de la música» como el protagonista de su novela proponen que el habla y la música surgieron simultáneamente.

    Ambos textos asimilan y discuten una amplia gama de teorías antropológicas, evolucionistas y musicológicas ejemplificando la interdependencia entre las facetas literarias, críticas y musicales del autor.

    Ese músico que Carpentier llevaba dentro

    Nacido en Suiza en 1904, de padre francés y madre rusa, Carpentier pasó su infancia en Cuba. Allí estudió piano, teoría musical, armonía y orquestación. Compuso varias obras para piano y orquesta de cámara. Aunque no le daba un gran valor a sus composiciones, es a través de éstas que descubre su vocación literaria.

    Así lo recordaba en una entrevista en 1963:

    «Me parecieron verdaderamente, o me dieron la impresión de que no eran muy buenas, de que no estaba verdaderamente dotado para ello: eran un poco impresionistas, entre Ravel, Debussy, con algunas durezas adquiridas al leer a Stravinsky, a Milhaud y otros (…). En aquel momento, pues, sentí definitivamente mi vocación literaria y así comencé a escribir.»

    Aún así, nunca abandonó del todo la música. A lo largo de su vida, Carpentier escribió una gran cantidad de críticas musicales sobre los más variados temas.

    Estas críticas están recogidas principalmente en los volúmenes Ese músico que llevo dentro, Crónicas y Temas de la lira y del bongó.

    Su libro La música en Cuba, publicado en México en 1946, es el primer tratado de historia musical de Cuba.

    El estilo literario de Carpentier influyó a otros autores latinoamericanos como Gabriel García Márquez.

    Gracias a este libro, Carpentier logró ser reconocido internacionalmente. También trabajó en el campo de la producción radial, especialmente en los años de entreguerras.

    La música como inspiración literaria

    El amplio conocimiento y experiencia de Carpentier en la música se ven plasmados en toda su obra literaria.

    Por ejemplo, en El acoso (1956), novela corta que narra la huida y asesinato de un joven en La Habana de los años 1930, Carpentier se propuso alinear el tiempo de la acción con la duración de la Sinfonía Heroica de Beethoven.

    Dicha obra musical aparece en la novela en una ejecución en vivo y también en una grabación de gramófono.

    En El acoso, Carpentier se propuso alinear el tiempo de la acción con la duración de la Sinfonía Heroica de Beethoven.

    Asimismo, en un virtuoso experimento literario, Carpentier intentó construir la novela siguiendo la forma sonata, un molde ampliamente utilizado por compositores desde el siglo XVIII hasta el siglo XX.

    Carpentier guió expresamente a sus lectores hacia estos paralelos estructurales en varias entrevistas.

    Si bien El acoso es una obra apasionante y muy entretenida, el experimento de imitar la forma sonata se convirtió en una camisa de fuerza: el autor se vio forzado a adaptar el molde musical hasta tal punto que resulta difícilmente reconocible.

    Con respecto al paralelo con la duración de la Heroica, la trama principal de El acoso efectivamente se inscribe dentro del marco de la ejecución de la sinfonía en vivo -el joven, escondido en el teatro, es asesinado al terminar los últimos compases.

    El creador de «lo real maravilloso»

    Entre las obras más conocidas de Carpentier se cuentan El reino de este mundo, Los pasos perdidos, Guerra del tiempo, El recurso del método, Concierto barroco y La consagración de la primavera.

    Carpentier se destaca por su noción de «lo real maravilloso americano», también llamado «realismo mágico», ejerciendo una influencia decisiva sobre escritores como Gabriel García Márquez, Isabel Allende, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.

    Su obra literaria le convirtió en el primer latinoamericano en ser galardonado con el Premio Cervantes en 1977.

    En su discurso de aceptación del premio en 1977, homenajeaba a Cervantes y desmentía la llamada crisis de la novela:

    «No hay ni habrá crisis de la novela mientras la novela sea novela abierta, novela de muchos, novela de buenas y fuertes variaciones -valga el término musical- sobre los grandes temas de la época, como lo fue en su tiempo la ejemplar novela, a la vez local y universal, de Miguel de Cervantes Saavedra.

    Una obra «perdurable y gloriosa»

    Carpentier ocupó un puesto diplomática en la embajada cubana en París.

    Tras pasar en París el período de entreguerras, y vivir en Venezuela, Carpentier ocupa diversos puestos oficiales, entre otros, diputado a la Asamblea Nacional de Cuba y ministro consejero en la Embajada cubana en París.

    Falleció el 24 de abril de 1980 en París, a raíz de un cáncer de garganta. Días después, sus restos viajaron a La Habana a bordo de un avión especial del Gobierno de Cuba. Fueron expuestos en la Plaza de la Revolución y posteriormente enterrados en el Cementerio Colón.

    La noticia del deceso de Carpentier produjo una gran conmoción en el mundo literario. Jorge Guillén declaró:

    «Me afecta mucho conocer la muerte de Carpentier (…) ha sido un magnífico, insigne prosista, con una riqueza de lenguaje que hay que calificar de verdaderamente extraordinaria».

    Por su parte, Jorge Luis Borges expresó:

    «Nuestro deber es pensar menos en la muerte y más en la circunstancia de la obra, que en el caso de Alejo Carpentier es perdurable y gloriosa».

    Katia Chornik es investigadora de la Universidad de Cambridge, Reino Unido.

    *Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y es reproducido aquí bajo licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer el artículo original.

    Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

    ¿Ya conoces nuestro canal de YouTube? ¡Suscríbete!

    Leer en BBC Mundo

  • La triste historia del héroe de Cascorro que la prensa nunca contó durante la Guerra de Cuba

    La triste historia del héroe de Cascorro que la prensa nunca contó durante la Guerra de Cuba

    Por Israel Viana. Madrid – En la plaza del Cascorro, en el corazón del viejo Madrid, justo donde comienza el Rastro, se alza la estatua de Eloy Gonzalo. Muchos españoles saben poco de este soldado y de lo que le hizo merecedor de un monumento, pero la generación que vivió la terrible Guerra de Cuba lo conoció bien. Era el gran héroe de España. Se podría decir, incluso, que el único que alcanzó verdadera fama en los medios de comunicación tras protagonizar uno de los episodios bélicos más trascendentes de aquel conflicto.

    Como decía la revista «Blanco y Negro» el 30 de enero de 1897: «Es, sin duda, el soldado que más popularidad ha alcanzado en la presente guerra. Compendían en él la heroicidad y la bravura de los defensores de Cascorro. Se había prestado voluntariamente a romper el cerco incendiando una casa ocupada por el enemigo y, como creyó segura su muerte, mandó que le atasen una cuerda para que, tirando de ella, sus compañeros impidiesen que el enemigo profanase su cadáver». Lo que ningún periódico ni esos años ni los siguientes fue la triste y curiosa historia que escondía nuestro héroe de aquel enfrentamiento que culminó con la derrota de España, la independencia de Cuba y una nueva era de imperialismo mundial para Estados Unidos.

    Todo comenzó para Gonzalo pocas horas después de su nacimiento en Madrid, el 1 de diciembre de 1868, cuando fue abandonado a las 11 de la noche en la inclusa de las Hermanas de la Caridad de la calle Mesón de Paredes, en el barrio de Lavapiés. El frío de aquel invierno fue mortal, pero encontrarona al recién nacido a tiempo. Entre la ropa llevaba una nota para las religiosas –hoy conservada en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid–, que decía: «Este niño nació a las seis de la mañana. Está sin bautizar y rogamos que le ponga por nombre Eloy Gonzalo García, hijo legítimo de Luisa García, soltera, natural de Peñafiel. Abuelos maternos, Santiago y Vicenta».

    De familia en familia

    El futuro soldado nunca conoció a sus padres, puesto que fue adoptado a los pocos días por la esposa de un guardia civil que acababa de perder a un hijo recién nacido y aún podía darle de mamar. Buscaba, además, los 60 reales bimensuales que le daban de ayuda para sufragar su educación y que a buen seguro le hacía falta. Con esta familia vivió su infancia nuestro héroe, entre los pueblos de San Bartolomé de Pinares (Ávila) y Robledo de Chavela (Madrid). Sin embargo, la ayuda solo se entregaba hasta que el huérfano cumplía los 11 años, de manera que, al alcanzar esa edad, en 1879, no quisieron seguir manteniéndolo a su costa y lo entregaron a otra familia de Chapinería, otro pueblo de Madrid. Detalles de su vida que cuando la prensa de la época reseñaba sus hazañas nunca contó.

    Estatua de Eoly Gonzálo en la plaza de Cascorro, en Madrid – José Manuel Mata

    Allí se instaló Gonzalo para ganarse la vida como jornalero, peón de albañil, carpintero y aprendiz de barbero, hasta que fue llamado a filas en 1889. En su ficha se le describe como un hombre de pelo castaño, ojos azules y 1,75 metros de estatura. Fue destinado al Regimiento de Dragones Lusitania, 12º de Caballería, donde ascendió al rango de cabo dos años después por su buen comportamiento y su eficiencia en el servicio. En el Ejército encontró su sitio y su razón de ser. Se sentía orgulloso del servicio que prestaba a España tras ser abandonado por su madre y haber llevado una vida de penurias y poco afecto.

    Pero no se acabaron aquí las tragedias. En 1892 pasó al Cuerpo de Carabineros del Reino y, en el verano de 1894, fue destinado a la Comandancia de Algeciras. Había encontrado por fin una «familia adoptiva» en la que desarrollarse. Tal es así que, pocos meses, consiguió la seguridad suficientes como para pedirle permiso a sus superiores para casarse con una muchacha que había conocido en la localidad gaditana. Fue entonces cuando su vida, en el momento más feliz, se vino abajo: en febrero de 1895, sorprendió a su prometida en la cama con un joven teniente. Esta nueva y doble traición –la de su novia y la de un oficial– fue demasiado para él y Gonzalo zarandeó al teniente y le amenazó de muerte con su pistola.

    Consejo de guerra y prisión

    El oficial elevó una queja que acabó en un tribunal militar y nuestro protagonista fue arrestado y sometido a un Consejo de Guerra, en el que fue condenado a 12 años de prisión en Valladolid por un delito de insubordinación. Tenía 27 años y debería haber abandonado la cárcel a los 42, pero en agosto de 1895 el Congreso aprobó una ley de amnistía para todos aquellos presos dispuestos a luchar en la recién comenzada última fase de la Guerra de Cuba. «Algo parecido a lo que hizo Estados Unidos sesenta años más tarde, cuando envió a convictos a la selva de Vietnam», apunta John Lawrence Tone en «Guerra y genocidio en Cuba, 1895-1898» (Turner, 2006).

    En noviembre, Gonzalo se acoge a esta nueva ley y pide que lo envíen a la isla para, tal y como expuso en su petición al ministro de Guerra, «limpiar su honra, derramando la sangre por la patria». La lenta maquinaria de la administración agilizó los trámites para aprobar su petición, ya que era necesario el máximo contingente posible para luchar contra los insurrectos cubanos. Así, el 25 de noviembre de 1895 embarca en un vapor en La Coruña con destino a La Habana, donde se incorpora al regimiento María Cristina, para un año después ser destacado en la famosa guarnición de Cascorro, a 60 kilómetros al sureste de Camagüey, en el centro de la isla.

    Como defiende Lawrence en su libro, aquel era el lugar perfecto para poder extirpar la culpa con su propia sangre: «Cascorro era indefendible, y el Ejército español nunca debería haber intentado conservarlo. El comandante supremo en Cuba, el capitán general Valeriano Weyler, que llegaría a ser conocido por el público americano como el “Carnicero”, admite en sus memorias que este enclave carecía de importancia militar, además de ser un objetivo muy fácil para los insurrectos cubanos. Con el tiempo, Weyler acabaría abandonando este y otros puestos aislados e inútiles, pero no antes de que Máximo Gómez y Calixto García [jefes del Ejército independentista] iniciaran su asedio el 22 de septiembre de 1896».

    El combate con 2.000 cubanos

    El panorama de la guarnición al comienzo del combate era desolador. Frente a los dos mil hombres del Ejército Libertador, los españoles solo tenían 170. Estaban diezmados y debilitados por la disentería, la malaria, el tifus, la fiebre amarilla y otras enfermedades y carecían de víveres y municiones suficientes para resistir un combate largo. Tampoco disponían de artillería para responder a los tres cañones cubanos de 70 milímetros. Conociendo su aplastante superioridad, García propuso las condiciones de la rendición, pero el comandante de la guarnición, el capitán Francisco Neila, no quiso ni hablar de ello.

    Los cubanos dispararon entonces 219 obuses de artillería sobre los tres pequeños fuertes que defendían Cascorro, matando e hiriendo a 21 soldados. La potencia y precisión de los rifles españoles mantenía a raya a los insurrectos, pero no por ello la situación dejaba de ser insostenible, sobre todo después de que estos tomaran un edificio a escasos 50 metros del fuerte principal, poniendo en grave riesgo la posición española. Tan cerca que incluso los anticuados rifles Remington y Winchester de los insurrectos podían matar de un solo disparo, por lo que Neila ideó un plan desesperado para salvar la situación.

    En ese momento solicitó un voluntario para que penetrara tras las líneas enemigas e incendiara el edificio en cuestión. Era un trabajo perfecto para un exconvicto que ansiara redimirse. Gonzalo levantó la mano y puso una única condición: tenían que atarle con una soga larga para que, cuando le mataran, como estaba seguro de que ocurriría, su cuerpo sin vida pudiera ser rescatado por sus compañeros. Y el 5 de octubre, protegido por la oscuridad, se dispuso a ejecutar la operación con un fusil máuser, una lata de petróleo, unas cerillas y muy pocas esperanzas.

    La liberación de Cascorro

    «La angustia permaneció dibujada en la cara de los defensores, todos pendientes de una cuerda, hasta que empezaron a ver la luz del fuego que comenzaba a devorar el edificio. Lo había conseguido y estaba con vida. Aprovechando el incendio, los españoles realizaron una vigorosa salida contra los sitiadores en la que también tomó parte el valiente soldado que, con su acción, había salvado el destacamento. La resistencia aún tuvo que durar unos días, hasta que, el 6 de octubre, una columna de socorro liberaba la guarnición de Cascorro. La noticia corrió como la pólvora y pronto llegaron los reconocimientos: una medalla pensionada, felicitaciones, donativos y actos públicos», cuenta el historiador Germán Segura García en su artículo «Eloy Gonzalo, héroe de Cascorro» (Revista Española de Defensa, 2018).

    En España, la hazaña de Eloy produjo un gran impacto. En la Guerra de Cuba, todas las batallas que se habían librado hasta ese momento fueron de nula trascendencia. Los insurrectos se habían dedicado, sobre todo, a quemar propiedades, volar trenes y atacar puestos aislados, mientras los españoles intentaban apresarlos sin éxito. En medio de esta triste campaña, el heroísmo de nuestro protagonista enalteció el ánimo de los españoles: había conseguido un éxito militar que parecía inalcanzable, dando muestras de un extraordinario valor, regresando sano y salvo de su misión. «Uno de los episodios más gloriosos de estos último días ha sido, sin duda, el sitio del poblado de cascorro», resaltaba «Blanco y Negro» en su edición del 24 de octubre de 1896, dos semanas después de haberse producido este.

    La guerra, sin embargo, continuó y el héroe de Cascorro siguió combatiendo activamente en la región de Matanzas, tratando de reducir a las últimas partidas rebeldes durante la primera mitad de 1897. Hasta que el 6 de junio ingresaba en el Hospital Militar de esta ciudad. El 17 del mismo mes, fallecía como consecuencia de una infección intestinal provocada por la mala alimentación del Ejército, la cual le produjo una enterocolitis ulcerosa gangrenosa. Esta enfermedad se manifestaba con episodios de diarrea, cólicos abdominales y fiebre, los cuales padeció durante doce días hasta que sucumbió. A diferencia de muchos de los 50.000 españoles muertos en Cuba, el cadáver de Gonzalo fue repatriado al terminar la lucha en 1898. En 1901, ya se publicaba en la prensa la imagen de su estatua en el Rastro prácticamente colocada.

    Leer en ABC

  • Los propietarios de bienes robados por Castro eran «delincuentes»

    Los propietarios de bienes robados por Castro eran «delincuentes»

    Periódico estatal cubano Granma Continuó su campaña esta semana contra la decisión de los Estados Unidos de permitir que los estadounidenses demanden a las empresas que se benefician del uso de sus propiedades robadas.

    Argumentó en una columna el miércoles que el robo comunista era legal porque era un acto «soberano» y los verdaderos dueños de las propiedades eran «delincuentes».

    La administración del presidente Donald Trump anunció a principios de mayo que finalmente permitiría la implementación del Título III de la Ley de Libertad de 1996, comúnmente conocida como «Helms-Burton», después de los autores de la ley, después de más de 20 años de gobiernos estadounidenses que prohibieron a los estadounidenses ejercer los derechos que les otorga. La ley permite a los estadounidenses demandar a corporaciones privadas que se benefician del uso de propiedades en Cuba que pertenecían a ciudadanos estadounidenses antes de la ola de «nacionalizaciones» bajo el dictador Fidel Castro en la década de 1960.

    Castro usó la violencia para robar a los dueños de negocios estadounidenses de un estimado $ 8.5 mil millones en hoteles, granjas y otras propiedades después de la revolución comunista de 1959. El régimen cubano nunca ha indemnizado a sus víctimas y continúa insistiendo en que los robos fueron legítimos.

    Como los robos ocurrieron hace décadas, muchos de los propietarios originales murieron sin ser compensados ​​por sus propiedades, y aquellos que aprovechan la implementación completa de Helms-Burton son sus descendientes.

    Lamentando el «aumento de la agresión imperialista y Yanqui arrogancia » Granma El periódico citó el miércoles a «expertos» cubanos que afirmaron que los estadounidenses que poseían la propiedad que Castro robó no tienen derechos legales sobre ella.

    «La Ley Helms-Burton utiliza insistentemente términos como ‘propiedad confiscada’ y ‘bienes confiscados’», señala el periódico, alegando que esto es diferente de la «nacionalización», que define como «un acto con el que la nación, según el proceso legal, puede apropiarse, por varias razones, de propiedad privada y entregarlos a la tesorería pública «.

    “Las nacionalizaciones, como actos del Estado, son parte del carácter soberano del mismo y, por lo tanto, todos los Estados deben respetar la independencia de los demás; constituyen actos de reivindicación económica al servicio del pueblo ”, continúa.
    La columna podría haberse mantenido hasta este punto, pero continúa argumentando que, incluso si los robos fueron «confiscaciones», eran legales porque los dueños originales eran criminales bajo el gobierno comunista draconiano de Fidel Castro.

    «La confiscación de bienes es un acto judicial derivado de la comisión de un delito, ante el cual el que lo comete, además de la sentencia legal correspondiente, debe responder con sus bienes, de los cuales es desposeído sin derecho a indemnización». La pieza afirma, argumentando que aquellos que perdieron propiedades durante la Revolución estaban vinculados al predecesor de Castro y a Cuba. primero jefe de estado de color, Fulgencio Batista «y todos los que colaboraron con su régimen tiránico».

    «Por lo tanto, cuando la ley Helms-Burton se refiere al … tráfico de propiedades confiscadas por el gobierno cubano, está salvaguardando a los delincuentes … cuyos bienes fueron confiscados por cometer delitos». Granma concluye

    Granma usa la pieza para llamar también al gobierno estadounidense «intervencionista y orgulloso» por exigir una compensación en nombre de sus ciudadanos bajo la administración del presidente Dwight Eisenhower.

    Fidel Castro pasó los primeros años de su violenta toma de posesión de Cuba mintiendo sobre sus afiliaciones marxistas, asombrando a los estadounidenses entretenimiento y medios de comunicación élite. Sin embargo, durante el primer año de la Revolución, comenzó a usar sus milicias armadas para robar propiedades de ciudadanos estadounidenses y cubanos bajo la apariencia de justicia económica.

    «En noviembre de 1960, vino Fidel Castro y simplemente se hizo cargo», Mickael Behn, el legítimo propietario de la Corporación de muelles de La Habana, dicho Breitbart Noticias de lo que entonces era propiedad de su abuelo. «Había luchado hasta su fallecimiento hace unos dos años para intentar recuperarlo e intentar que el gobierno estadounidense lo ayudara y lo apoyara para recuperar el dinero, pero todo lo que tenemos es el reclamo, el Helms-Burton reclamaciones ”, dijo de su abuelo.

    Behn y varios otros representantes de familias propietarias de los puertos de Cuba fueron los primeros en ejercicio sus derechos Helms-Burton este mes, demandando a la corporación American Carnival Cruises por atracar sus barcos en sus puertos. Carnival se inscribió para ganar millones en ganancias con cruceros desde Estados Unidos a Cuba en 2016, luego de la decisión del presidente Barack Obama de implementar políticas amigables con el régimen de Castro.

    Todos los presidentes antes de Trump acordaron renunciar a Helms-Burton para proteger a corporaciones como Carnival.

    Roberto Martínez, ex fiscal de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Florida que forma parte del equipo que representa a los demandantes contra Carnival, dijo a Breitbart News este mes que la acción legal es «muy importante» para las familias afectadas por los robos de la Revolución.

    «Pensemos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, todas las propiedades que fueron saqueadas por los nazis. Nadie lo piensa dos veces antes de decir, «por supuesto que estuvo mal, deberían ser compensados», argumentó. «Pero debido a que Cuba, durante muchos años, capturó la imaginación de algunas personas … creo que fue capaz de engañar a mucha gente».

    El viernes, los abogados de Carnival Cruises solicitaron al tribunal de Florida que interpusiera la demanda a descartar eso.

    Las corporaciones internacionales también están en peligro de encontrarse en los tribunales de los Estados Unidos por ganar dinero con la propiedad estadounidense robada. Las familias que poseen legítimamente hoteles restaurados por la corporación española Meliá también han traído un demanda judicial contra la cadena española.

    «Ha sido utilizado por una cadena hotelera española que no les ha pagado ninguna compensación», dijo el abogado de una de las familias, Andres Rivero. «Tenemos la intención de recibir el valor de su hotel de las personas que lo utilizan sin permiso».

    Sigue a Frances Martel en Facebook y Gorjeo.



    Publicado en Breibart